Como comedia romántica de aventuras define Alfredo Sanzol un delicioso guiso de amores y magias colocado bajo la advocación del Bardo de Stratford. La receta bien podría ser la de un calderete, atendiendo a las raíces navarras del autor y al plato al que cantan los tres leñadores, un padre y sus dos hijos, que viven apartados en una isla ignota huyendo de las acechanzas femeninas, aunque los pobres no saben la jugarreta que les depara el destino, pues la reina maga Esmeralda y sus dos hijas llegan a la misma isla, que creen deshabitada, con la pretensión de mantenerse apartadas de los hombres, pues las dos jóvenes estaban destinadas por razones diplomáticas al matrimonio organizado con sendos nobles ingleses. A partir de ahí, imagínense lo que puede ocurrir.
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