El dolor y la rabia de las palabras que dispara esa mujer desolada contrastan con la calidez del entorno. Los colores neutros, los muebles sobrios y minimalistas, de madera clara, un par de mullidas alfombras blancas, una luz muy cálida acompañan a una confesión desgarradora. No se puede dormir y, dirigiéndose al público, asegura: “Me he separado hace un año y tengo la sensación de que mi familia ha desaparecido… Tengo una sensación de soledad tan grande… Soy una náufraga… Mi cama ha dejado de ser bella… Llevo un año de duelo… ¿Qué puedo hacer para poder mirar a la cara a todos mis fantasmas, reírme de ellos y seguir viviendo?”. Nagore, así se llama la mujer, decide entonces hacer aparecer a su madre y sus amigos para evitar y luchar contra esa dolorosa soledad.
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