Cuenta como escenario con un recóndito bar del centro de Sofia, uno de esos que durante la tarde es tranquilo, pero que a última hora de la madrugada se transforma en un lugar clandestino y dado a la crápula en el que se refugian los últimos supervivientes de la noche: impostores, soñadores, adoradores del vicio, poetas del ocaso y amantes de la luna. Todos ellos encarnan sin guion ni filtros la tragicomedia que supone confrontar la memoria y el pasado con la posmodernidad en que vivimos.
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