La Guerra Fría, sobre una mesa de ajedrez de las que el Ayuntamiento de Madrid sembró en ciertos parques, tras desmontar el tablero gigante instalado por el alcalde José Luis Álvarez en la plaza de Santa Ana (que podría resucitar, si prospera una iniciativa ciudadana): un conflicto global, reproducido a escala local. Un deporte de estrategas, como metáfora de la lucha que los EEUU y la URSS mantuvieron tras la II Guerra Mundial, que prosigue hoy entre la potencia hegemónica y las emergentes, deseosas de ocupar la plaza que les corresponde en las instituciones financieras internacionales y de redefinir las reglas del juego.
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