Frente a la actual ola de «neutralidad» ante la realidad, el teatro debe replantearse su funcionalidad, renovarse filosóficamente y recuperar su carácter reivindicativo, en suma, apostar por el compromiso social. Éste es el eje del pensamiento del dramaturgo francés Enzo Cormann, seudónimo de Bernard Vergnes, que inauguró ayer en Alicante el I Encuentro Internacional de Dramaturgia. Las jornadas reunirán hasta el sábado a más de un centenar de autores, directores, productores y actores. Los participantes en este encuentro discutirán y se plantearán una pregunta existencial: ¿el autor teatral es en realidad testigo de su tiempo?
Enzo Cormann demostró que sí lo es y prueba de ello es el alegato que hizo contra la amenaza de guerra en Irak. «En vísperas de un conflicto de estas características ¿qué tiene que hacer el dramaturgo?», se preguntó el escritor, para responder acto seguido: «Luchar para parar la guerra, evitar el conflicto». Cormann, defensor acérrimo del teatro denuncia y comprometido, cree que el papel del dramaturgo es explicar a todo el mundo que cualquier guerra mata. «En el Golfo Pérsico intentaron convencernos de que no hubo víctimas entre los aliados y que los muertos eran sólo objetivos militares».
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