Cuando Juan se despertó una mañana después de un sueño intranquilo -llamémosle Juan por no llamarle Gregorio Samsa-, no se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto, no, pero algo extraordinario le sucedió al ponerse sus gafas de nadar intensamente azules y empezar a ver el mundo con otro color.
Juan es Juan Mayorga y el inconsciente ese que se le aparece en el escenario es César Sarachu. Como uno solo formulan la raíz cuadrada de menos uno mismo y calculan, en un brillante ejercicio de teatrosofía intensamente audaz, mi propia inconsistencia de número imaginario. La metamorfosis está completa: los tres, Juan, César y yo mismo, somos ya un único sujeto a la deriva.
Últimas noticias
Los revolucionarios del grupo Kamikaze se llevan el Premio Nacional de Teatro
El teatro liderado por Miguel del Arco, Aitor Tejada, Israel Elejalde y Jordi Buxó recibe tras un año de vida el galardón por «su renovación y dinamización de la escena teatral». Últimas...
Los desiertos crecen de noche, de José Sanchis Sinisterra: Cuando ya no esperamos a Godot
Magnífico espectáculo, y muy divertido, compuesto por piezas breves de uno de los dramaturgos imprescindibles de la escena de hoy, autor de la célebre obra “¡Ay, Carmela!”, y creador del mítico...
La Paz Perpetua colombiana
Manifiesto a una conducta social interpretada a través de canes ideológicos y personificados, una puesta en escena basada en la Paz Perpetua de Kant que no se limita a pensar la manera correcta de...


