El cartógrafo es uno de los eventos escénicos más relevantes que hemos visto en Costa Rica, a lo largo del 2017. Su potencia radica en la capacidad de expulsar al espectador de su cómoda butaca para instalarlo en un campo minado de preguntas éticas. Responderlas o ignorarlas lo transformará, irremediablemente, en una versión más completa o más cínica de sí mismo. Algo así, como el mapa abierto de su conciencia.
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