Mi bebé tiene un estigma

Una opera prima, en clave de comedia cómica, que pasa de puntillas sobre un par de temas jugosos: el abismo que se abre en la pareja ante la acogida opuesta que cada uno de sus miembros dispensa a su primer bebé, marcado por una singularidad disparatada (que no revelaré, aunque hacerlo no destriparía la función, pues su jovencísima autora descubre tal dato a las primeras de cambio), y el estigma como destino de quién lo sufre. María Gómez-Comino podría haber tejido el tapiz humorístico que alfombra su comedia sobre un fondo de personajes mejor observados, que desgranaran los chistes más jocosos entre reacciones serias de sus interlocutores, pero ha preferido disparar en salvas tan generosas como amables su humor pródigo, para solaz de un público joven ávido de distracción.

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